Archive for the Humor negro Category

Capítulo 1. Botellón.

Posted in Crítica, Humor negro, Literatura, Reflexiones on septiembre 9, 2010 by thefifthbullet

El caso es que yo hoy iba a actualizar con otra cosa. Pero antes de nada, me paseé por algunos blogs que había visto en tuenti.

Lo normal. ¡Hola, soy -nombre genérico de tía- y escribo historias sobre amor que desarrollo en varios capítulos me gustaría que los comentéis y os paséis y a ver si me podéis dar una crítica al respecto ^^ besitos muac muac!

Qué carajo -pensé-. Será como violar una colegiala. Llego, me quito los pantalones, y le arranco la tontería a base de pollazos. Pues mira, sin ninguna acritud, tus personajes son planos, tu capítulo se titula botellón –el de todas se titula botellón- y yo no veo a nadie borracho, sólo veo un escenario guay, moderno y cool para introducir la narración. Tampoco me esperaba una conversación de intelectuales en el café, pero ya que te pones, haz algo un poco menos genérico. Bla bla bla, yo señalo sin dejarme una coma todos los puntos flacos de su estilo, esperando a que vengan en jauría ella y todas sus amigas a crucificarme, como cabe de esperar de alguien que se ha metido a asaltacunas literario.

Y fue entonces cuando me di cuenta de que sería una inmensa pérdida de tiempo. Por muchos consejos que le diera, no iba a saber aprovecharlos. ¿Qué haría un niño si le dieran todas las claves de la física cuántica en un papel? seguramente, hacer avioncitos en el mejor de los casos, o sonarse los mocos. ¿De qué me valdría invertir mi tiempo en ella? Sí, claro, para que en el mejor de los casos me diga muy bien, muchas gracias, y pasado mañana publique el siguiente capítulo de la misma historia. Cuando digo la misma historia no me refiero a su historia solamente, sino a la suya y a las diez que he visto idénticas a esa. Hay que joderse.

Carece de estilo. Y también de potencial. Y yo allí, pantalones abajo, repartiendo cañonazos como un furioso corsario. Así que, demonios. Voy a hacer yo mi propio relato. Dice así:

A Juan le gusta Marta. Lleva años manteniéndolo en secreto. Pero Juan no tiene un pelo de tonto. Siempre ha mantenido distancias con ella, temeroso de que ella fuera a considerarlo un amigo y se le acabaran las posibilidades. Así que desde cuarto de ESO, son oficialmente conocidos.

A Juan muchas veces se le inflaban las pelotas. Estaba cansado de huir de Marta, así que alguna vez se ponía a hablar con ella. Y eso era lo que le salvaba el cuello, en realidad, porque Marta al principio pensaba que Juan era raro de cojones. Pero cuando dejaba de ser un antisocial, era majo. Y cuando vio que salía con otras tías, en fin, tenía que ser normal. Un poco tímido quizá. Pero al menos era guapete.

El grupo de amigas de Marta era muy exclusivo. Juan se guardó a toda costa de ir a tirarle la caña a ninguna de ellas. No sea que luego acabaran de mal rollo y se viera a dos velas. El pobre.

No tardó Juanito en darse cuenta de que ese nuevo curso le tocó en clase con varias de ellas, así que apresuró a sentarse con la que le pareció más simpática. Con la más fea, vamos. Juan se mostraba simpático, cálido a veces. Pilar, ingenua a ella, que no estaba muy acostumbrada al roce con los tíos estaba encantada. Por fin alguien interesante, nada superficial, pero para nada un raro. A la segunda semana, Juanito estaba invitado a ir con ellas al siguiente botellón.

¿He dicho ya que Juanito de tonto no tiene un pelo? Ah, sí. También hizo su esfuerzo en camelarse al resto de las amigas de Marta. En poco tiempo, Juan aspiraba a ser oficialmente guay.

El sábado del botellón, Juanito iba a comerse el mundo. Trajo varias botellas de JB, Ron y Vodka, y empezó la fiesta. Varias de las amigas de Marta estaban allí con su novio, pero Juan sabía que ella no tenía novio. Así que allí estaban, con los porros, todo el mundo desfasándose. Pilar, por otra parte, le estaba dando la brasa, y él escuchaba de buena gana. Precisamente ahora que estaba dentro era la hora de ser más guay que nunca. Invitó a los muchachos a beber, y todos echaron unas risas alegremente. José, Enrique, Carlos, Andrés… a todos los conocía de vista. Todos se preguntaron cómo no habían conocido a Juan antes. Un tío majísimo, con muchísima marcha.

Oye tío, -Le dijo Andrés- Tú no tienes novia, ¿No?

No -Repuso Juan, quien ya empezaba a notar la mezcla de las diferentes bebidas en un mismo vaso. Vamos, que iba un pelín borracho-

Pues mira, yo no te digo nada, pero Marta lleva ahí un rato sola -Dijo Andrés-

Más claro, agua. Hasta aquellos tíos le estaban diciendo que era hora de tirar la caña. Así que Juan asintió, le guiñó el ojo a Andrés, y se acercó a Marta intentando parecer guapo.

-Hola, Marta.

-Juan… ¿Qué pasa?

-No, nada, estaba aquí echando unos tragos con esta gente, y he visto que de repente te has quedado un poco sola.

-Ya… -Dijo Marta, haciendo un más que evidente esfuerzo por contener las lágrimas-

-¿Y eso? ¿Qué ha pasado para que tengas que llorar? -Dijo él-

-Ya, bueno… mira Juan, no te conozco mucho pero…

A Juan se le puso el corazón a mil por hora. ¿Estaba Marta a punto de declararse? ¿Quizá estaba así porque pensaba que se iba a liar con Pilar? Marta, su querida y preciosa Marta estaba a punto de decirlo. “Me gustas, Juan”.

-Puedes decirme lo que quieras. -Repuso Juan, intentando hacer que el corazón no se le cayese por la boca-

-Joder, es que me acaba de llamar mi novia. Hemos cortado. Llevábamos juntas un año casi. -Dijo ella, rompiendo a llorar-

A Juan se le paró el corazón. Y no de gloria. Una expresión asesina invadió su mirada, acuchillando, sombríamente, su alma. Qué hijos de puta, murmuró.

-¿Qué? Dijo ella, abrazándole, sollozando.

-¿Tus colegas lo saben, no? Que eres lesbiana.

-Sí, joder. Pero eres el único que sabe que acabo de romper con ella. Casi un año, joder.

-Qué hijos de puta.

Juan se levantó, haciendo que Marta perdiese el equilibrio. Andrés se dio cuenta. Sujetó por el brazo a uno de sus amigos.

-Tío tío tío, que se ha rebotado, se ha rebotado de verdad.

Sin embargo Juan no fue hacia ellos. Fue hasta donde estaban las tías. Cogió a Pilar por la cintura, dijo “Hola”, y se la llevó a rastras de la mano.

Pilar sabía perfectamente a dónde la llevaba Juan. Su casa le pillaba de camino a clase, así que más de una vez la había acompañado. Iban a casa de Juan. Pilar estaba borracha. Por lo tanto, preparada.

Juan estaba solo. Entraron por la puerta, besuqueándose como bestias en celo. Le quitó la sudadera a Pilar, y literalmente, le arrancó el sujetador. Pilar estaba cachonda como una cerda. Juanito la empujó a la cama. Se sacó un condón del bolsillo, e ignoró totalmente el grito de dolor de ella cuando la penetró. Daba igual. Ella gritaba. Cinco veces se la folló. Al terminar, le escupió en la cara. Pilar se fue, recogiendo sus cosas, tan horrorizada que no cerró la puerta al salir ni llamó al ascensor. Se fue por las escaleras. Juan, recostado, pudo oír el estruendoso portazo abajo.

Aquella noche, Juan durmió mejor que nunca en su puta vida. Y después, yo qué sé. Cogió la pistola de su padre y se los cargó a todos. Estas cosas pasan.

Anuncios